* Nadie se hará responsable del destino de las palabras enviadas. Serán, quizá, almacenadas en una base de datos y vendidas al mejor postor, expuestas públicamente o guardadas bajo llave por el resto del tiempo. Probablemente acaben siendo utilizadas por oscuros departamentos de estado con el fin de perpetuar el statu quo del poder económico a nivel global. También, podrían acabar determinando y consolidando la perversa línea de actuación de algún departamento de márquetin ávido por conocer qué pasa por tu cabeza. Si no, recorrerán un canal monitorizado por avanzadas civilizaciones extraterrestres que las tomarán como referencia para construir una imagen distorsionada de nuestra civilización y decidirán, basándose en ella, nuestro destino final.

Aquí puedes introducir tan sólo palabras y nada menos que palabras. Su pervivencia o no dependerá del azar, si tal cosa existiese, o de un inextricable cúmulo de consecuencias si consideramos el universo como un sistema causal. Considera que estas palabras, toda vez salgan por esta puerta, serán transportadas por turbias corrientes y dejarán de ser tuyas.

Considera esta ranura como una salida de emergencia de aquello que tienes en la cabeza. Una lanzadera de no sé qué hacia no sé dónde, un intrincado laberinto de solución incierta que puede acarrear consecuencias impredecibles en cualquier escala de la existencia.

Tuya es la responsabilidad de lo que ocurra en este u otros universos si decides accionar el botón de envío.