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Estamos en la piscina, viendo cómo un grupo de niñas entrena en el trampolín. El entrenador, con camiseta naranja, gesticula con los brazos dando instrucciones.

—Mira, el señor de naranja está diciendo a las niñas lo que tienen que hacer.

Se le abre una sonrisa glotona y dice,

—¡El señor naranja! Qué rico.

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